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(Sobre la recesión), casi siempre empiezo por recalcar la importancia de conocer y aceptar la definición original de hace casi 100 años y no trivializar el concepto mediante reglas mecánicas y mediáticas como la existencia de por lo menos un par de trimestres consecutivos con una tasa negativa del PIB.
Jonathan Heath
Con una facilidad que asombra y con el deseo inconfesable de que ocurra, economistas, analistas e intelectuales afirman que México está ante el umbral de una terrible recesión. Centran su opinión en los datos publicados por INEGI sobre consumo privado, inversión bruta fija y en el comportamiento de los indicadores cíclicos, cuya última actualización fue a enero de 2025. Lo primero a destacar es que aun cuando parezca increíble la información que data de hace un mes o dos meses pudiera ser ya obsoleta, porque nuestro mundo se ha acelerado y en él accionan cambios profundos.
La amenaza cumplida con respecto a los aranceles del presidente Trump – recién este 2 de abril – hizo fehaciente el surgimiento de un nuevo orden internacional que hasta el momento no ha dejado de ser caótico: se han desatado fuertes caídas en los mercados que son como una antesala de un contexto económico que conjugará estancamiento con inflación (estanflación) en la mayoría de las economías del mundo. México no es una ínsula encapsulada y sin duda, sufrirá los impactos de esta crisis global, sobre todo porque hay daño autoinfligido; es decir, las decisiones arancelarias hacia el mundo impactan tanto o más a Estados Unidos, que es nuestro principal socio comercial. Simplemente, hay que ver el fuerte declive de los principales indicadores bursátiles de Wall Street para darnos cuenta de que así es y de lo que está por venir, más si las otras potencias económicas emprenden represalias comerciales en forma conjunta.
Los prolegómenos indicaban que a nuestro país le iba a ir muy mal: en un gráfico extraño (un mapamundi) – hace dos meses – diversas instituciones financieras pintaban a México con el rojo más intenso, advirtiendo sobre su inminente quiebra económica y financiera. Siguiendo la misma metodología, en la conferencia matutina de la presidenta Sheinbaum, el secretario Marcelo Ebrard, mostró a México (y a Canadá) con color azul; ubicando las diferentes tonalidades rojizas en el resto de las economías del orbe. Esto porque no se aplicaron aranceles recíprocos, quedando vigente las tasas “cero” para aquellos productos que se exportan con base en las reglas de origen del T-MEC.
Se puede discutir sobre el tiempo en que durará este “azul”, tal vez sólo días, más si continúa el colapso financiero en Estados Unidos, pero en la inmediatez los eventos le dieron la razón a Ebrard: en el sensible mercado cambiario, el tipo de cambió se apreció hasta situarse por debajo de los 20 pesos por dólar, algo no visto desde hace cuatro meses, aun cuando en este momento rebasa los 20.30 pesos por dólar; mientras que la Bolsa México cerró con una ganancia de 0.54%, misma que se repite este 3 de abril hasta este momento con una tasa que crece en 1.17%. El incremento del Índice de Precios y Cotizaciones (IPC) no muestra un optimismo desbordado; pero lo cierto es que nuestro principal indicador bursátil ha mostrado una tendencia contraria a las de las otras bolsas del mundo que registraron en la mayoría de los casos caídas drásticas. ¿Quién podría pecar de optimista, si se coincide en que las medidas arancelarias del presidente de Estados Unidos ponen a su país y a las economías del mundo al borde de una recesión?
Las reacciones de los analistas económicos y financieros son divergentes. En torno a las ventajas comparativas, hay quien concibe que los altos aranceles impuestos a las otras economías y que las exenciones sobre la base del T-MEC, aumentará la participación de los productos mexicanos en el mercado estadounidense; además de que habrá un efecto importante en la inversión extranjera, fortaleciendo el nearshoring (o el friendshoring, en esa invención de términos que solemos hacer los economistas). Para ello recomiendan: ampliar la participación de las exportaciones que se dan bajo las reglas de origen del T-MEC, que representan actualmente alrededor de 48% del total; aumentar el contenido regional de los bienes exportados; y crear las condiciones de producción que posibiliten la entrada de capitales productivos, lo que significa continuar con la inversión pública en infraestructura y con la flexibilización de trámites o la eliminación, en su caso, de trabas legales.
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Otros vuelven a lo mismo, a decir que este escenario optimista no se dará por nuestras debilidades institucionales, entre las que destacan: la falta de certeza jurídica para los negocios, el clima de violencia que amenaza el tránsito de personas y de mercancías y la existencia de una infraestructura que se encuentra en pésimas condiciones. No hay que negar estas deficiencias, empero, obcecados se niegan a reconocer avances: parece que no ven las estadísticas en donde se observa una importante disminución en los índices de criminalidad; así como las noticias que informan sobre la captura de generadores de violencia y la permanente afectación económica a grupos y asociaciones mafiosas. En la peor de la cegueras, no aprecian siquiera que obras como el Tren Interoceánico empiezan a conectar comercialmente a los dos grandes meridianos del mundo. De hecho, sin los resultados que han minado a la delincuencia organizada y sin la reducción del tráfico de fentanilo, Trump no hubiera hecho exención arancelaria alguna.
El plan de la presidenta Sheinbaum va más allá de la simple coyuntura, hay una visión de mediano y largo plazos. Los pesimistas no quieren ver que antes e inmediatamente después del anuncio arancelario, se ha puesto especial énfasis en fortalecer el Plan México, lo que posibilita: mantener tasas históricas de empleo; aumentar nuestra soberanía alimentaria y energética; ampliar la fabricación interna de bienes estratégicos o de aquellos tradicionales que antes se producían y que se habían dejado de producir; además de acelerar la construcción de obra pública y viviendas indispensable para ampliar el comercio interno, el tránsito de mercancías y la movilidad laboral, sin dejar de señalar sus importantes efectos multiplicadores en la inversión y en el empleo.
Todo esto sin perder el equilibrio macroeconómico, lo que algunos quieren ver como una consolidación fiscal que llevó a un simple subejercicio en el primer bimestre del año de 220 mil 283 millones de pesos (mdp), podría ser indicio de que se esperaba el momento adecuado para acelerar las metas de inversión pública; sin dejar de señalar que hubo un incremento en la recaudación tributaria en el primer trimestre del año con respecto al mismo periodo de 2024 de 333 mil 028 mdp , es decir, 19% más en términos reales. Y qué decir de las reservas internaciones, que alcanzaron a marzo una cifra histórica de 237 mil millones de dólares. Con estos datos y con una tasa de inflación que se ubicó en 3.67% en la primera quincena de marzo, resulta casi un despropósito hablar de una crisis financiera en el país.
Otros economistas – más chuecos – hablan de una enorme deuda pública, se les olvida que esta debe medirse en torno a la capacidad de generar riqueza: en nuestro país la ratio deuda a PIB fue de 48.7% a febrero de 2025, una de las más bajas a nivel internacional y en lo particular, dentro de los países de la OCDE. Estamos hablando, entonces, de una deuda con un nivel sostenible, que lo seguirá siendo mientras exista una baja presión fiscal: en febrero el balance primario alcanzó un superávit de 77.7 mil mdp.
En ese afán de hablar de una fase recesiva, algunos economistas y analistas se refieren a los datos poco favorables en el consumo y en la inversión observados en el primer bimestre de 2025, así como a los porcentajes menores a 100% que se reflejan en los indicadores cíclicos. Hasta Gil Gamés dice que en México se avecina una recesión. ¿Los datos registrados en enero y febrero de 2025 son un claro indicio de una eventual recesión? Veamos.
Muchos economistas definen que una recesión se da cuando en dos trimestres consecutivos se registra una caída del PIB, eso conforme al criterio adoptado por el economista estadounidense Arthur Okun en 1967; esto no es más que una regla de aproximación para Jonathan Heath. La definición original y correcta es que una recesión significa una caída profunda que se extiende por toda la actividad económica y que afecta severamente al nivel de empleo. De esta precisión se derivan tres características esenciales para que exista recesión: profundidad, difusión y duración.
Por su parte, con el fin de precisar las fases de los ciclos económicos, INEGI elabora índices coincidentes y adelantados, tomado como base seis indicadores que suelen ser convergentes en las ondas de los ciclos, más en las etapas recesivas: la actividad económica, la actividad industrial, las ventas al por menor de los establecimientos comerciales, el número de asegurados permanentes registrados en el IMSS, la tasa de desocupación y las importaciones totales.
Conforme al sistema de indicadores cíclicos de INEGI el índice coincidente en enero de 2025 fue de 99.4%, es decir, apenas 6 décimas de punto por debajo de 100% y el adelantado a febrero se ubicó en 99.5%. Todo rango que se utilice pudiera ser arbitrario, aun cuando algunos economistas señan que la recesión se decanta cuando el índice coincidente se ubica en 70% o menos. Debe decirse que el Comité de Fechado de Ciclos Económicos de México no hace pronósticos; pero sí lleva a cabo las investigaciones y los análisis necesarios para fechar los ciclos de la economía mexicana, incluyendo los puntos de recesión; por lo tanto, busca para llegar a una conclusión los criterios científicos posibles.
Me parece más útil para hablar de recesión, hacer referencia a los indicadores que utiliza INEGI, mismos que demuestran que la economía mexicana se mantiene activa y fuera de una tendencia descendente abrupta que lleve a una posible recesión, además de que se están tomando las medidas de política económica para revertir las tendencias negativas; ese justo es el propósito que debe tener el advertir de que existe una fase descendente:
Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE). Después de que en enero de 2025, el IGAE disminuyó 0.2% a tasa mensual, en febrero aumentó en 0.2%. Es decir, no estamos hablando de una caída profunda de la actividad económica y si de una tendencia en donde se rompe con la continuidad de un decrecimiento; nadie así puede tener la certeza de que la economía se vaya a contraer en este primer trimestre y menos en el siguiente.Indicador Mensual de Actividad Industrial. La actividad industrial en enero de 2025 con respecto al mismo mes del año anterior disminuyó 2.8% Sin embargo, la industria de la construcción parece reaccionar al registrar un incremento de 0.1% con respecto al mes anterior; en tanto que la manufacturera redujo su desaceleración al registrar una tasa mensual negativa de 0.3%. Los signos no son del todo positivos, pero no hay datos fehacientes que indiquen el advenimiento de una caída drástica en la actividad industrial.Ventas al por menor de establecimientos comerciales. El comercio al por menor se ha mantenido en un rango superior a 117% en el último semestre de 2024, pero en enero de 2025 subió a 118.4%; lo que indica que la tendencia no se ha relajado y que se mantiene latente la reactivación del consumo privado.Desempleo abierto. La tasa de desocupación en febrero de 2025 se situó en 2.5%, la más baja observada desde que lleva este registro el INEGI. No hay más que decir, estamos ante una economía que opera casi en el pleno empleo.Asegurados del IMSS. En marzo de 2025 se alcanzó un récord de empleo histórico para este mes, con 22,465,110 puestos de trabajo afiliados al IMSS. Es posible esperar en los próximos meses una natural desaceleración porque la economía ha operado casi con pleno empleo; sin embargo, se está actuando para que esto no suceda, destacando: la correcta gestión para evitar los aranceles recíprocos que conforme algunas estimaciones salvaron más de 10 millones de empleos de empresa que hubieran caído en probables quiebras; y 2) conforme al Plan México se habla de la generación de más de 600 mil empleos directos en 2025 derivada de la construcción de infraestructura ferroviaria, carretera, puertos, aeropuertos y viviendas, entre otras obras.Importaciones. Es en este componente donde se observaron las mayores tasas negativas: con respecto a febrero de 2024 se redujo en 8.3 por ciento y en relación el mes anterior descendió 1.5 por ciento. Las disminución en la importación de bienes de capital alcanzó una variación negativa mensual de 10.2 por ciento; ello como resultado, sin duda, de la zozobra generada por los amagos de aranceles en los proyectos de inversión. Aun así este resultado se puede revertir si se inicia el ambicioso plan de inversiones del Plan México y aumentan los flujos de inversión extranjera, dadas las grandes ventajas comparativas que tiene México en materia de arancelaria. No debe olvidarse tampoco que en muchas industrias tradicionales (textil, calzado, muebles y electrodomésticos) y en el acero y en el aluminio lo que se busca es aumentar la producción nacional y disminuir importaciones.
Desaceleración, sí, pero no se puede ser tan frívolo y decir que la economía mexicana está en el umbral de una terrible recesión; los números no dan para tanto. Frente al escenario lúgubre que se quiere ver, prefiero ser optimista y pensar que México se incorpora a esta nueva era global con un plan ambicioso para convertirse en un propulsor del desarrollo económico y sustentable en el mundo; que más allá de la localización geográfica, se tiene la capacidad para asimilar los procesos tecnológicos que lideran el mercado global y que se va a tener el propósito de innovar continuamente; y que la potencialidad productiva de nuestros gente va a ir en aumento, invirtiendo en ciencia, formando cuadros técnicos altamente calificados y adentrándola a los procesos de electro movilidad, autonomía e inteligencia artificial.
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