“
Lo que sucede, debido a su desafiante visibilidad, da la impresión de que los actores principales son los líderes políticos. Esto ocurre aquí en México con López Obrador y Sheinbaum; en Estados Unidos con Trump, Musk y Vance; en Rusia con Putin, o en Ucrania con Zelenski. Si bien los gobernantes -Musk ya lo es- son importantes, su prominencia no surge en el vacío, sino en el cambio profundo que experimenta la sociedad, la cual los lleva al poder y los mantiene con su respaldo. A pesar del ideal democrático de igualdad, en la práctica las sociedades están notablemente diferenciadas en términos de influencia; el poder informativo y económico, en sus formas oligárquicas, se alinean y se consolidan en la destrucción de la horizontalidad y la igualdad a las que aspira la democracia, así como en las instituciones y principios que limitan a las autoridades para evitar la ilegalidad o el abuso de poder. La mejor evidencia de la involución política y social es la falta de un debate público razonablemente abierto. Predomina el monólogo y la narrativa del poderoso. Por lo tanto, el consenso que disfruta el autócrata es una de las revelaciones de la insuficiencia democrática.
El espectáculo, y esa es la mejor manera de describirlo, que ofrecieron Trump y Vance en la Casa Blanca (ambos indignos de su cargo), frente a su invitado, el presidente Zelenski, es una de las manifestaciones más grotescas y explícitas de la descomposición en curso. El escándalo radica en la falta de escándalo ante estos extremos de agresiva y vulgar majadería de gobernantes que parecen pandilleros o gánsteres de baja categoría. Incluso a Vito Corleone le daría vergüenza. Sin duda, hay un sector de la sociedad y de las élites estadounidenses muy preocupadas, y la gran mayoría de los líderes europeos cerraron filas en torno al presidente Zelenski, pero lo inaceptable es ese hecho; no se trata solo de una cuestión de pérdida de sentido político, sino de la ausencia de la más elemental dignidad y decencia.
Sin embargo, son las naciones los actores relevantes. Trump es lo que es, al igual que López Obrador, porque la mayoría los eligió claramente y les otorgó una fuerza legislativa mayoritaria. Ninguno de los dos engañó, se presentaron tal como son y así gobiernan. Los malos modales y las peores ideas recibieron la aprobación mayoritaria en las elecciones y, en el caso de México, a lo largo del gobierno. No hay un mandato para acabar con la democracia, pero en su caso es implícito porque así lo entienden. Queda por verse si en Estados Unidos sucederá lo mismo, si la resistencia al embate autocrático será suficiente para contener el abuso, ya sea a través del sistema judicial, la opinión pública y, especialmente, las elecciones de noviembre de 2026.
Trump está decidido a redefinir los términos de la relación de Estados Unidos con el mundo sin tener en cuenta consideraciones históricas o políticas. Por el momento, se ha inclinado claramente hacia la causa de Rusia, lo que ha dañado su liderazgo ante sus aliados europeos. Sin duda, Estados Unidos ha perdido posicionamiento, prestigio y, sobre todo, confiabilidad, pero eso no importa a quienes actualmente gobiernan, ya que para ellos el poder no se basa en la coherencia o en el respeto a valores compartidos, sino en el dinero y el poder militar. Resulta increíble que Trump no se dé cuenta de que la rivalidad de Estados Unidos con Rusia no se debe a motivos políticos o económicos, como podría ser también el caso de China, sino a razones estrictamente militares y a su incontrolable imperialismo, un tema que Europa reconoce; de ahí que la agresión a Ucrania se perciba como una amenaza regional que involucra a todos. Sin embargo, Trump se ve muy distante de Rusia, tal como muchos pensaron antes de que Estados Unidos se uniera a la causa de los aliados en la Segunda Guerra Mundial.
Son las naciones los actores fundamentales en este proceso y, al igual que los miembros de una sociedad, existen desigualdades significativas en los recursos de poder. Por eso Trump fue capaz de decir públicamente a Zelenski, como si fuera un gánster, que no tenía cartas con las cuales negociar sin el respaldo de Estados Unidos. No existen reglas ni principios en alguien que ve el mundo como una aventura de casino. Por lo tanto, no solo exige la rendición de Ucrania a Rusia, sino que se firme un acuerdo para que Estados Unidos se apropie de la mitad de los recursos minerales, muchos de los cuales se encuentran en territorios bajo control ruso.
Las columnas más leídas de hoy
En México, solo nos queda soportar aranceles y desplantes que comprometen nuestra soberanía. No hay ofrenda que satisfaga a Trump porque está decidido a cambiar la relación con todos. Para Estados Unidos, ya no hay amigos, aliados ni socios. Son interlocutores de los que hay que obtener el mayor beneficio posible.
“